El CIS estudiará el fenómeno Torrente

Tras ver lo ocurrido en Japón, cansado de ver a la gente amargada y pasando frío en las puertas de los bares porque no les dejan fumar, del aumento del paro, de leer por la noche con la lumbre de una vela y conducir a pasos de tortuga para ahorrar energía; decidí este fin de semana ir al cine, no sólo por divertimento sino por necesidad. Sí, digo necesidad porque con la que está cayendo necesitaba encontrar algo que me hiciera evadirme de la realidad y además que me hiciera sentir lo que soy, no sé… alguna dosis de patriotismo quizás, o… yo lo llamaría… “señas de identidad”, ¿tal vez?

En fin, que me fui a ver Torrente 4, y al mismo tiempo que echaba unas risas, contribuía a desplumar de un pelotazo la taquilla del llamado cine español al que tanto nos necesita. También porque en época de crisis no tengo la intención de gastarme 8 euracos (y no más porque no me gusta el 3D, pesan mucho las gafas) para ver algo que, de antemano, no tengo asegurado que lo voy a pasar bien, y salir del cine, como otras tantas veces, con cara de… “me han soplado 8 euros, si lo llego a saber, me compro un libro”.

Son muchos los tiquismiquis del cine que critican lo que la multitud desea ver calificando al gusto genérico de casposo o basura. Está claro que el argumento de cualquier capítulo de Torrente no es profundo, pero todo el contexto que los rodea, desde los cameos hasta el proceso de marketing, está estratégicamente estudiado al milímetro. No es pura casualidad todo lo que acontece en dicha saga.

En esta cuarta entrega, Segura no podía prescindir de esos “iconos ibéricos” representados a través de los llamados cameos. En una película que está al servicio de potenciar las señas de identidad españolas (parte de la fórmula de su éxito, le pese a quien le pese), no podía crearse con la ausencia de personajes como David Bisbal, Sergio Ramos, Risto Mejide, David Fernández (Chikilicuatre) y, mucho menos, de dos grandes iconos mediáticos representativos de nuestra aún sociedad machista: Belén Esteban (mujer sufridora y maltratada psicológicamente por las infidelidades de los dos hombres de su vida, casualmente un torero y un camarero) y Kiko Rivera, cuya presencia en esta película y su potente atracción mediática es para que el CIS hiciera un estudio pormenorizado.

Para el personaje de Rivera sólo ha sido necesario cambiar algunas connotaciones, porque el resto ya lo había creado el propio “actor revelación”, de ahí el empeño de Segura para que participara en su película. Kiko, por sí solo, y con gran ingenio (sólo hay que ver sus montajes, algunos con cámara oculta al más puro estilo “Show de Truman”), ha ido creando a un personaje que recoge, a la perfección, todos los estereotipos del “hombre español de pura cepa”. Para empezar, el seudónimo de Kiko es Paquirrín, diminutivo de Paco, un nombre auténticamente español (porque quién no conoce o tiene en su familia a un Paco, a los Franciscos de toda la vida). Y si a todo esto le sumamos que Kiko es hijo de un torero y una tonadillera de raza gitana, es gracioso, andaluz, bajito, feo, peludo, gordito, un poco calvo, le encanta bailar, montar a caballo, es un enamorado de Sevilla y de su feria, no le gusta madrugar, ni trabajar, es juerguista, bebedor, fumador y mujeriego; un auténtico ligón de playa. Con todo esto señores, tenemos ante nuestros ojos, a un icono, a un símbolo, a un verdadero macho ibérico. Paquirrín es, sin duda, el Alfredo Landa del siglo XXI.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s